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Tú puedes ser una luz…

Por: ROCIO CASTAÑEDA / MARCELA VARGAS – Practicantes Trabajo Social Uniminuto

 Sobre las colinas del cerro de Guadalupe, en el barrio del Parejo, oculto, en la periferia, se puede contemplar, en extensión, el rugido miserable de Bogotá. Los ecos de las bocinas y los motores dan la impresión de una furia reprimida, y los brotes de esperanza, que pocas veces mitigan el hambre, arden, sin ser vistos como si la tierra que los ve nacer no fuese más que un jardín de odio. Nuestro confort, nuestra apatía y nuestra vanidad han educado las miradas como anteojeras para caballos; y los valores ilusorios como el éxito financiero, los innumerables títulos en las paredes y currículums, la reputación o el estatus social han transformado, poco a poco, naturales sentimientos de compasión en indolencia y egolatrías.

Para la mayoría de estas familias, carentes y empobrecidas, pocas son las oportunidades que permiten un cambio verdadero en sus condiciones de vida. Y el sector infantil es quizá el más perjudicado. Con tan solo vislumbrar uno de los diagnósticos hechos por el área de Trabajo Social de Uniminuto, vinculado a la Corporación Red Somos, se encuentra una pequeña, de cinco años de edad, quien convive con sus dos abuelos, su progenitora, madre cabeza de hogar, y sus tres hermanos, adolescentes, de 15, 14 y 11 años cada uno. Esta chiquilla, todas las noches debe descansar sobre el mismo lecho. Una cama construida para dos personas, pero debe compartirla, con sus tres hermanos y su señora madre. La habitación es construida en cartón, carecen de servicio de baño, cocina, agua, alcantarillado, entre otros. El piso está cubierto por trozos de tapete, que cuando llueve y empieza a secar, expide ese olor nauseabundo que no permite, ni siquiera permanecer allí, cinco minutos.

  

En este, y otros lugares hermanos, el aleteo de la libertad y la fantasía al interior de las niñas y los niños, se muere rápido. Aquí aprenden la desconfianza, para sobrevivir y guardan el rencor hacia su suerte, como un arma invisible, pues sólo la costra de la resignación les entrega la valentía suficiente para ganarse el pan de cada día, sin atreverse a soñar en voz alta con un futuro más digno o más amable.

      

El programa de padrinos y madrinas, apoyando de alguna forma, la labor psicosocial hecha a través de la Corporación Red Somos con las practicantes de Uniminuto con sus talleres, sus refrigerios, actividades y demás detalles, es una forma de reiterar que las necesidades de la humanidad pueden cambiar. Al compartir tu riqueza material y desprenderte con el corazón abierto, te permites aumentar tu riqueza interior y enciendes una luz en el pozo de una vida que también merece ser amada y ser feliz. Está claro que, no solucionará todos sus problemas, pero es un paso que, puede significar el principio del cambio y la transformación hacia un mundo más valioso, no tanto por, la equidad económica y social, sino por la calidad de su gente, porque únicamente la solidaridad, la comunicación y el compartir con gratitud aliviarán el ardor en este mundo. Únicamente cuando reconozcamos el origen común de nuestra humanidad, los orígenes comunes de nuestros sueños y anhelos, de nuestras esperanzas y temores, seremos capaces de comprender que todos estamos unidos en el gran milagro de la existencia. Una vez que lo comprendas, todo será más sencillo. Gracias por tu apoyo.

 

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